Aquí hay una trilogía de emperadores famosos de Roma, Trajano, Adriano y Marco Aurelio, colocados sobre los hombros de un cuarto emperador, Constantino, a través del arco de triunfo romano (ilustración 1) atribuido a este último.

Pero Constantino también era el Papa Máximo, y él era quien había concedido a los cristianos la libertad de culto

Además, el Senado, que lo había elegido, estaba ansioso por que, con este monumento, no se olvidara el ejemplo de Septimio Severo y su dinastía. Es la fructífera política de tolerancia hacia todos los cultos, por lo que no es de extrañar que el monumento a Constantino ensalce la exaltación de una concepción universal de la religión con sólidas premisas filosóficas y metafísicas.

Ya esta idea de un vínculo significativo entre imperio y pontificado diferente al habitual, tallado en piedra, recuerda ejemplos singulares de » nudos «, de dos o cuatro columnas con múltiples formas, de muchas catedrales europeas de la Edad Media.

Pero no parecen aparecer signos estructurales similares en el Arco de Constantino

Sin embargo, la hipótesis de encontrar un rastro del mismo no sería extraña, quizás en virtud de una nomenclatura geométrica inconcebible imaginada por el arquitecto de este monumento, como para remontar al concepto de unidad entendida como un vínculo sólido, mejor aún: un pacto de alianza terrenal y metafísica transmitido a lo largo de los siglos.

En resumen, un hombre divinosellada en la piedra que sería el preludio de la relativa celebración epigráfica, la de la parte superior izquierda del monumento triunfal. Es de Plotino y pone en alto la concepción monoteísta, con Helios, el mayor de los dioses. El Sol, el que une todas las partes del universo, físico y metafísico.

Pero ya de la ejecución de precisos relieves geométricos del frontón del monumento, destaca una mesa tripartita, el cuadrado partía de nueve cuadrados, solo la yuxtaposición con la pintura análoga del aprendiz, un punto notable (llamado en geometría) de la grado de Maestría en Masonería.

Es interesante este giro asumido en la interpretación esotérica que parece derivarse de él, hasta el punto de que los filósofos herméticos tienen que preguntarse dónde está la estrella «seguir» y luego dónde el «nudo» desatar sin prepararse para ponerlo en práctica.

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Ocultismo de Constantino

Y luego, siendo el culto solar, querido por los antiguos egipcios expertos en mampostería, uno se pregunta dónde trazar el signo de la pirámide, y quizás el pentagrama de los masones.

En cuanto a estrellas, conocemos una ligada a una choza, la de Belén, y también es cierto que con el Arco de Constantino querían «atar» varios cultos religiosos, y entre ellos el cristianismo. Por tanto, la mencionada metáfora sobre la choza de Jesús es buena para vislumbrar otra, asociada precisamente a la masonería.

No parece haber un rastro de un romano estrella, la estrella de cinco puntas, en una serie de monedas de la época republicana y el razonamiento como filósofos seremos capaces de encontrar la cosa coherente, sólo la famosa frase de Jesús, a través de los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas: «¡Dale al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios!».

Procediendo por esta estrella, lo único que se sabe es que está asociada a símbolos como capiteles corintios, cuadrados, bases de columnas y otros objetos que sugieren su vinculación con la profesión de constructor. A partir de aquí, es un pequeño paso pensar en el arte de la mampostería de los masones, como se asumió anteriormente, que se refiere principalmente al simbolismo arquitectónico de los albañiles operativos medievales que realmente trabajaron la piedra. El símbolo metafísico de la luz de los masones es precisamente el pentagrama que representa la verdad, el conocimiento.

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